Del volante al Congreso: Lo que mis entregas me enseñaron sobre el futuro de nuestra comunidad

Estimada comunidad:

Hay momentos en la rutina diaria que te detienen en seco y te hacen recordar exactamente por qué decidiste levantarte y luchar en primer lugar.

Hace unos días, durante un turno habitual haciendo entregas con DoorDash, me tocó recoger un pedido en una pequeña panadería local de nuestro vecindario: Panadería Las Palomas, aquí en Reno. Fue cruzar el umbral de la puerta y sentir ese aroma inconfundible a pan dulce recién horneado, escuchar la música en español sonando de fondo y ver a su dueño, Merced, trabajar sin descanso detrás del mostrador. En un segundo, fui transportado a mi infancia. Me acordé de mi familia, de las historias de mi abuelo, quien llegó a este país como bracero para romperse la espalda en el campo, y de la riqueza cultural que nos define como comunidad. Nuestra cultura no solo se lleva en el corazón; se vive en el esfuerzo diario, en la calidez con la que gente como Merced nos trata y en las ganas de salir adelante sin importar qué tan empinada esté la cuesta.

Pero la realidad te alcanza en cuanto vuelves a salir a la calle con la bolsa de comida caliente en la mano.

Al encender el auto para dirigirme a la siguiente entrega, empecé a observar con otros ojos lo que sucede en nuestras calles. Veo a diario a padres y madres de familia trabajando dos o tres empleos; personas que terminan una jornada en la construcción o en la limpieza para subirse a su auto y hacer entregas por la noche. Veo a jóvenes tratando de pagar sus estudios mientras sostienen a sus familias, y a adultos mayores que no pueden darse el lujo de retirarse porque las pensiones no alcanzan.

Y mientras manejaba entre entrega y entrega, me volvió a retumbar en la cabeza la misma pregunta que me impulsó a dar el paso a la política: ¿Por qué en el país más rico de la historia del mundo, trabajar duro ya no es suficiente para tener una vida digna y tranquila?

Nos han vendido la idea de que si trabajas incansablemente, el éxito está garantizado. Pero la realidad en nuestras calles muestra otra cosa. Los alquileres no dejan de subir, la comida cuesta más cada semana y los salarios siguen estancados. La brecha entre los que están arriba y la clase trabajadora se hace cada día más grande.

Fue precisamente esta vivencia en carne propia lo que me llevó a postularme al Congreso en este 2026. No vine a la política desde un escritorio ni con discursos vacíos; vine desde la calle, impulsando una propuesta clara y transformadora: el Ingreso Básico Universal (UBI, por sus siglas en inglés).

Para mí, el Ingreso Básico Universal nunca ha sido una teoría económica abstracta ni una dádiva del gobierno. El UBI es una cuestión de justicia económica. Es reconocer que cada persona, por el simple hecho de ser humana y formar parte de esta sociedad, merece un piso financiero de dignidad. Un ingreso básico mensual no le quita las ganas de trabajar a nadie; al contrario, le da a nuestra gente el aliento que necesita para no caer al abismo si se enferma un hijo, si el auto se descompone o si la renta vuelve a subir. Le da a un padre la tranquilidad de llevar comida a la mesa y a un emprendedor la oportunidad de iniciar su propio negocio sin el temor de terminar en la calle.

La campaña de este 2026 fue una experiencia increíble que demostró que nuestra voz tiene poder y que el mensaje de justicia social resuena con fuerza cuando se habla con la verdad. Sin embargo, los grandes cambios nunca ocurren de la noche a la mañana. Las elecciones son momentos en el calendario, pero las necesidades de nuestra comunidad no se pausan cuando se cierran las urnas. La inflación sigue apretando, el costo de vida sigue aumentando y los trabajadores siguen necesitando una representación real en Washington D.C.

Por eso quiero decirles de frente y sin rodeos: nuestra lucha apenas comienza. En el 2028 volveré a postularme para el Congreso.

No me voy a ir a ninguna parte. Seguiré recorriendo los mismos vecindarios, haciendo entregas, conversando con los vecinos en la puerta de sus casas y organizándonos desde la base. La verdadera representación no se construye en salones elegantes con donantes corporativos; se construye en la calle, con la gente de a pie, escuchando a quienes realmente mueven la economía de este país.

El 2028 no está lejos, y desde hoy estamos sentando las bases de un movimiento que no se detendrá hasta garantizar que cada familia de nuestra comunidad tenga la estabilidad y el respeto que merece. Les invito a sumarse a este esfuerzo, a compartir sus ideas y a acompañarme en este camino.

Gracias por confiar, por apoyar y por no rendirse jamás. ¡Siguiendo adelante, juntos y con fuerza!

Con respeto y solidaridad,

Gamy Enriquez, MPA

Candidato al Congreso por la clase trabajadora