Lecciones del Fútbol: Hacia una Globalización Más Justa y Colaborativa
Estimados amigos y colaboradores:
Nos encontramos en plena Copa del Mundo de 2026, con millones de aficionados en todo el mundo observando cómo el deporte rey une a las naciones en tiempo real. Como alguien que se postuló al Congreso y como experto en relaciones internacionales con más de dos décadas de estudio y experiencia, me siento impulsado a reflexionar sobre lo que esta celebración mundial nos enseña acerca del tipo de mundo que podemos construir. En este momento crucial, Estados Unidos debe adoptar una visión audaz y progresista de su papel en el mundo: una visión arraigada en la equidad, el respeto y una verdadera colaboración. Para ilustrar esta perspectiva, quiero recurrir a una poderosa metáfora explorada en el aclamado libro How Soccer Explains the World: An Unlikely Theory of Globalization (Cómo el fútbol explica el mundo: una teoría improbable de la globalización), de Franklin Foer, publicado en 2004.
El libro de Foer utiliza el deporte más popular del planeta —el fútbol— para explorar cómo la globalización moldea las identidades, las comunidades y las dinámicas de poder. Sin embargo, a diferencia de la visión hiperneoliberal de la globalización que trata a las naciones como meros mercados o, por el contrario, del repliegue aislacionista que levanta muros y fomenta la desconfianza, yo visualizo una tercera vía: una globalización más equitativa, respetuosa y mutuamente beneficiosa.
El fútbol como espejo de las relaciones internacionales
En How Soccer Explains the World, Foer describe cómo los clubes, las ligas y los aficionados al fútbol reflejan tanto lo mejor como lo peor de la integración global. Por un lado, este deporte reúne a personas de diversos orígenes y culturas: jugadores de África, Sudamérica, Europa y Asia que comparten el mismo terreno de juego, aficionados de distintos continentes unidos por su pasión y tradiciones locales que se entremezclan con influencias globales. Por otro lado, pone de manifiesto las desigualdades, la corrupción y las formas en que intereses poderosos pueden explotar el deporte con fines lucrativos o políticos.
La idea central de Foer es que el fútbol, en su mejor expresión, crea un espacio para el pluralismo, el respeto y la alegría compartida, pero no es inmune a las distorsiones que provocan el poder desenfrenado y la codicia. Esta dualidad no se limita al ámbito deportivo; es un reflejo directo de las decisiones que debemos tomar como nación en nuestras relaciones globales.
El rechazo al hiperneoliberalismo y al aislacionismo
Con demasiada frecuencia, la política exterior de Estados Unidos oscila entre dos extremos. La globalización hiperneoliberal percibe el mundo como un conjunto de mercados que deben dominarse, sin apenas tener en cuenta la justicia, la equidad o la dignidad de otras naciones. Esta mentalidad conduce a acuerdos comerciales basados en la explotación, a la degradación medioambiental y al resentimiento en el extranjero. Por otro lado, el aislacionismo —retirarse de la participación global— implica abandonar nuestros valores y responsabilidades, dejando un vacío que pueden aprovechar fuerzas autoritarias y socavando nuestra propia seguridad y prosperidad.
Pero, al igual que el fútbol ofrece un modelo de competencia y cooperación respetuosas, podemos elegir un camino que honre nuestra interconexión y, al mismo tiempo, exija equidad. Podemos impulsar políticas que beneficien a los trabajadores y a las comunidades, tanto en el país como en el extranjero, que protejan el medio ambiente y fomenten un intercambio cultural auténtico. Podemos ser socios, no jefes... ni meros espectadores.
Una visión progresista para una globalización equitativa
Mi visión para Nevada y para la nación se inspira en las lecciones que nos deja el terreno de juego:
1. Respeto mutuo: Al igual que los compañeros de equipo que triunfan confiando en las fortalezas de los demás, Estados Unidos debe colaborar con otros países en pie de igualdad, sin tratarlos como socios subordinados. Esto significa escuchar, aprender y actuar con humildad en el escenario mundial.
2. Juego limpio: Debemos exigir y promover normas justas —ya sea en el comercio, en los acuerdos climáticos o en materia de derechos humanos— para que la globalización se convierta en una fuerza que impulse a las personas hacia arriba, en lugar de hundirlas. Como ocurre en el fútbol, el juego solo es hermoso cuando las reglas son justas y se cumplen.
3. Solidaridad más allá de las fronteras: Los desafíos globales a los que nos enfrentamos —pandemias, crisis climática, disrupción tecnológica— requieren una acción coordinada. Debemos liderar los esfuerzos para lograr una distribución justa de vacunas, justicia climática y derechos digitales, forjando alianzas para un cambio positivo en lugar de caer en una competencia de suma cero.
4. Celebración de la diversidad: El fútbol prospera gracias a la diversidad de tácticas, jugadores y culturas. Nuestro enfoque hacia el mundo no debería ser diferente. Nos fortalecemos al acoger a los inmigrantes, aprender de otras naciones y proteger el patrimonio cultural en todo el mundo.
Un llamado a la acción
Nos encontramos en una encrucijada. Las lecciones del fútbol nos recuerdan que el mundo está interconectado y que la forma en que decidamos participar en él —ya sea mediante la explotación, el aislamiento o una colaboración auténtica— determinará nuestro futuro. Como alguien que se postuló para representarlos, he luchado por un nuevo enfoque de la globalización: uno que sea justo, inclusivo y sostenible, y que refleje los valores que apreciamos en Nevada y en todo Estados Unidos.
Construyamos un mundo donde, al igual que en el campo de fútbol americano, todos tengan una oportunidad justa de jugar y ganar juntos.
Sigamos adelante,
Gamy Enriquez, MPA
Ex candidato demócrata independiente
Ex candidato por el segundo distrito congresional de Nevada