Queridos amigos,
A lo largo de los años, con frecuencia he regresado a una pregunta que está en el corazón mismo de cómo leemos la Escritura hoy en día: ¿cómo debemos, como seguidores de Cristo, entender el concepto de la tierra en la Biblia? Muy a menudo, en el discurso religioso moderno, se habla de la tierra como si fuera un contrato inmobiliario político o un derecho incondicional y eterno otorgado a un grupo de personas en específico. Sin embargo, cuando miramos de cerca la narrativa bíblica, encontramos un mensaje radicalmente distinto: uno que reemplaza el privilegio con la rendición de cuentas, la mayordomía y la justicia.
El marco del pacto
Al observar la promesa de Dios a Abraham, debemos recordar que nunca se dio como una posesión absoluta u autónoma. La promesa de la tierra está inserta dentro de un pacto: una relación de confianza que exige fidelidad a Dios. La tierra es un regalo, sí, pero es un regalo ligado directamente a la conducta moral. Nunca tuvo la intención de ser un cheque en blanco para el poder humano.
El significado del exilio
Si acudimos al Antiguo Testamento, vemos que habitar la tierra siempre fue algo condicional. La narrativa del exilio lo deja dolorosamente claro: la pérdida de la tierra fue la consecuencia directa de la infidelidad al pacto. Cuando el pueblo cayó en la idolatría y no observó el sábado ni el Jubileo —principios diseñados para garantizar el descanso, la restauración y la equidad económica— quebrantó el pacto. El exilio no fue un castigo arbitrario, sino el trágico resultado de ignorar los mandatos éticos de Dios.
La centralidad de la justicia social
A lo largo del Antiguo Testamento, los profetas alzaron su voz con una claridad contundente: la rectitud y la justicia social son inseparables del pacto. No se puede reclamar el derecho a habitar la tierra mientras se oprime a los vulnerables, se pisotear a los pobres o se depende de la espada. Los profetas advirtieron que recurrir a la violencia y a la injusticia sistémica para mantener el control invalida por completo cualquier reclamo teológico sobre la tierra. La verdadera paz y la seguridad en la creación de Dios jamás podrán construirse sobre el sufrimiento del prójimo.
Mayordomía contra propiedad
Tal vez el pasaje más fundamental sobre este tema se encuentra en Levítico 25:23, donde Dios declara explícitamente: “La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra es mía; pues ustedes son forasteros y advenedizos para conmigo”. Dios reclama la propiedad absoluta de la tierra. Los seres humanos no somos dueños absolutos; somos simplemente inquilinos, cuidadores y mayordomos llamados a administrar lo que le pertenece a Dios. Cuando olvidamos esta distinción, convertimos un encargo sagrado en una herramienta de despojo.
El caso de la viña de Nabot
Un claro ejemplo de este principio en acción es la historia de la viña de Nabot en 1 Reyes 21. El rey Acab y la reina Jezabel usaron su autoridad política, engaños y violencia explícita para asesinar a Nabot y apoderarse de su tierra ancestral. La Escritura registra la severa condena de Dios ante este acto a través del profeta Elías. Nabot consideraba su tierra como una herencia del pacto que no podía ser comprada ni robada por los poderosos, mientras que Acab la veía bajo la lupa del despojo egoísta. El juicio de Dios cayó sobre la casa real precisamente porque utilizaron el poder del Estado y la violencia para despojar a los vulnerables.
Leer la Escritura con honestidad
Debemos resistir la tentación de usar la Biblia como un registro de propiedad política para justificar realidades actuales. En cambio, estamos llamados a leer la Escritura con honestidad, como un desafío profundo a cualquier teología que utilice el lenguaje religioso para justificar la opresión, el desplazamiento o la violencia. La visión bíblica de la tierra no se trata de títulos de propiedad ni de exclusividad; es una invitación a caminar con humildad, practicar la justicia y actuar como mayordomos fieles ante Dios.
En solidaridad,
Gamy Zavala Enriquez, MPA,
Candidato al Congreso 2028,
Segundo Distrito Congresional de Nevada